10/27/2025
Interesante
👉👉 Durante años, las tumbas de los pandilleros fueron un lugar de reunión, de poder, de culto… un lugar de orgullo, un lugar donde se burlaban de las víctimas. Los pandilleros presumían símbolos de su jerarquía, su trayectoria, su lealtad y de las vidas que marcaron con su violencia.
Soy psicóloga, y sé que para que un país sane, era necesario romper sus símbolos de dolor. A veces, la sanación no llega con palabras suaves, llega con decisiones firmes, con actos que cierran heridas abiertas durante generaciones.
Destruir esas tumbas no fue un acto de odio, fue un acto de liberación emocional.
Fue un acto de amor y respeto a las víctimas y sus familias.
Un mensaje fue claro:
“Aquí ya no se honra al miedo, se honra a la vida.”
Porque desde la psicología lo entendemos bien:
un pueblo que enfrenta sus traumas, puede empezar a sanar.
Y lo que hizo El Salvador fue justo eso:
decirle adiós al miedo, a los símbolos del terror, y abrir paso a un nuevo capítulo…
uno donde el poder ya no está bajo tierra, sino en el corazón de la gente que sobrevivió y sigue de pie. 💚🇸🇻
Y quizás eso es justo lo que también necesitamos en México…
dejar de glorificar a quienes tanto daño nos han hecho.
Dejar de cantarles, de construirles monumentos, de normalizar su violencia como si fuera parte de nuestra cultura.
Porque cuando un país le canta al crimen, sin querer, también le canta al dolor de sus víctimas. Y mientras seguimos buscando a nuestros desaparecidos, ellos siguen siendo recordados con corridos y homenajes.
México también necesita sanar.
Y para sanar, primero hay que tener el valor de mirar el dolor… y después, el coraje de no volver a convertirlo en ídolo. 💔