15/06/2024
LA JOYA SANTIAGUINA - CUSCO
Fotografía: Patrón Santiago rumbo al Corpus.
Nuestra ciudad del Cusco vivía plena época colonial, y había llegado desde España Don Quintín de Olave enviado por el mismísimo Rey para desenvolverse como comisionado y así supervisar las cajas reales y las tropas del Virreinato.
En esta misma ciudad habitaba Doña Lucia Inés de Santolalla, descendiente directa de uno de los conquistadores, y por ende dueña de muchas propiedades en el Cusco.
Ambos personajes tuvieron oportunidad de conocerse quedando victimas de la flecha de cupido. Lamentablemente la flecha fue corta puesto que el romance que floreció entre estos dos nobles españoles fue fugaz y NO concluyó en feliz matrimonio a pesar de sus muchos encuentros amorosos.
Don Quintín, había concluido la tarea encomendada, y tuvo que partir de la ciudad para nunca volver; dejando a Doña Inés mancillada en su honor y con una criatura en el vientre.
La familia Santolalla NO estaba dispuesta a la crítica, a la burla ni a las miradas acusadoras, decidieron que Inés de a luz en Cusco pero después partirían a España para no volver jamás. Y así lo hicieron, el día del alumbramiento llegó y al día siguiente toda la familia salió de viaje a excepción del recién nacido que resulto ser una hermosa niña, la cual quedó en manos de una criada que nunca pudo hacerse cargo de ella y decidió abandonarla en la parroquia de Belén.
En dicha parroquia laboraba Doña Brígida como encargada de la limpieza, una mujer mayor y muy humilde que nunca fue bendecida con hijos, y fue precisamente ella quien encontró a la recién nacida envuelta en pañales y con una nota que decía: “Esta Huérfana es Olavita”.
Los años pasaron rápidamente y la huérfana ganó gran belleza, la cual contrastaba mucho con la ropa humilde que vestía. Brígida y Olavita se seguían encargando de la limpieza en la parroquia de Belén. La inocencia y pureza de la niña era tan grande que mientras dormía, un aura luminosa parecía protegerla.
En una ocasión, mientras Brígida y Olavita acompañaban la procesión de la Mamacha Belen, a consecuencia de la cantidad de gente, ambas mujeres se separan y la bella Olavita se tropieza y cae al suelo, estando a punto de ser pisoteada por la multitud. Es en ese momento que un elegante caballero tiende su mano para rescatar a la muchacha quien queda impresionado por su infinita belleza.
Mientras los años pasaban, la belleza de la joven era como azúcar para las moscas; no tardo en despertar el interés de muchos otros hombres incluyendo algunos con sotana.
Olavita se dio cuenta de la belleza que poseía, y supo también que esa misma belleza podía ayudarla a salir de su pobreza a sabiendas que eso NO era correcto. La muchacha comenzó a cambiar radicalmente, de joven humilde que era, paso a ser pretenciosa y disconforme con su precaria situación, su vivienda le desagradaba y sus humildes trajes los aborrecía. Al notar el interés que le ponían algunos hombres, la muchacha estaba dispuesta a entregar su alma al diablo con tal de conseguir riqueza.
Brígida se vio obligada a abandonar la ciudad por un tiempo dejando sola a su hija adoptiva. Nunca imaginó que, al volver, la dulce niña a la cual había criado sufriría un cambio radical.
Olavita se había mudado a una casa mas grande, lucía hermosos vestidos y como si fuera poco, comenzó a tener servidumbre. ¿Cómo pudo conseguir tanto?
La hermosa joven había comenzado a sacar ventaja de su belleza permitiendo al capellán visitarla por las noches. Por otro lado recibía regalos del Conde de Milaminaya, y sumando benefactores para Olavita, también el Márquez de Valleumbroso se hacía presente con las joyas mas costosas y así dar mas brillo a la bella muchacha. Demás esta mencionar que ninguno de los ocasionales pretendientes sabía de la existencia del otro.
Comenzaron algunas sospechas por parte del Capellán, y consiguió a un mozuelo llamado Pascual para que pudiese vigilar a la bella joven en las noches. Al inicio Pascucha realizaba su tarea con mucho gusto ya que recibía una propina, pero después de unas cuantas noches, se negó a hacerlo más, aduciendo que cada noche pasada las 12, entraba al cuarto un extraño hombre con ojos de fuego y que se acostaba detrás de Olavita.
Incrédulo ante lo dicho; el Capellán visitó a la huérfana sin anunciarse, por un momento se quedó observándola mientras dormía y pudo notar que una presencia oscura cuidaba su sueño, un escalofrío recorrió su espalda y el miedo hizo que nunca más vuelva a visitar a la huérfana.
Tras la ausencia del Capellán, Olavita vio reducido el número de sus regalos lo cual le causó preocupación.
Un día se presentó el Marqués de Valleumbroso con un costosísimo vestido de terciopelo ante la muchacha, quien recibió el regalo con una sonrisa y haciendo el siguiente comentario “Que hermoso, aunque no se compara al collar de perlas que me trajo el Conde de Milaminaya”, quizá pretendiendo un obsequio de mayor valor por parte del Marqués. Lamentablemente la noticia no tuvo el resultado esperado, por el contrario, fue causante de un desafío entre el Marqués y el Conde. El duelo se llevó a cabo en la plaza de Santiago, saliendo vencedor el Marqués.
Al día siguiente del duelo, se presentó un criado de la casa Valleumbroso ante Olavita, informándole que su señor la esperaba esa noche para cenar.
Olavita se sumergió en su ambición, su alma estaba totalmente perdida y no se arrepentía de nada, consiguió todo lo que quería y era lo único que le importaba. Le respondió al criado que iría a cenar antes del toque de ánimas. Entró a su cuarto y curiosamente sobre su cama encontró un hermoso camisón bordado con hilos de oro, el cual se puso sin importarle su origen, en realidad ¡Aquel camisón era un regalo del diablo!
Había caído la noche y Olavita se dirigía presurosa a la casa del Marqués, bajaba por la cuestecita que desembocaba en el puente de Santiago, en cuyo lado izquierdo estaba la cruz de piedra que tenemos hasta el día de hoy. La Hermosa Huérfana sentía que alguien la perseguía, se trataba de un perro que la escoltaba desde el momento que había salido de su casa, aceleró el paso y de pronto el enorme perro se convirtió en un demonio, el cual exigía su alma a cambio de más riqueza.
¡La aparición era tan espeluznante que Olavita solo atino a correr hacia la Cruz! Mientras lo hacía se dio cuenta del error que había cometido y muy arrepentida comenzó a decir una y otra vez el nombre de Jesús. Mientras el demonio luchaba por retenerla y llevarla consigo.
Olavita alcanzo la Cruz, se aferró fuertemente a ella y encomendó su alma pidiendo perdón. Y así estuvo hasta la mañana siguiente.
Al amanecer los vecinos encontraron a Olavita desmayada a los pies de la Cruz, con su vestido destrozado. La llevaron a su casa y la dejaron ahí.
Olavita nunca mas fue la misma, pretendió corregir sus errores, pero al parecer fue vencida por la tentación, las ultimas personas que la vieron, aseguraban que sobre ella siempre iba una sombra oscura, parecía que ella volvía a su anterior vida, olvidándose de su promesa de enmienda. No paso mucho tiempo para que la Huérfana Olavita desaparezca del Cusco.
Se dice que su primer "amigo", el Capellán, había mandado a pintar un cuadro, hoy en día sería "la joya santiaguina" puesto que guardaría los sucesos de esta historia. Dicho cuadro debió estar en el Coro Bajo del Templo de Santiago, pero años más tarde fue vendido para costear algunas refacciones que se requerían en el Templo.