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CVX PAULUSSEN PERU Comunidad de Vida Cristiana - CVX - CCL Somos parte de la CVX peruana

La Comunidad de Vida Cristiana es una asociación internacional de fieles cristianos - hombres y mujeres, adultos y jóvenes, de todas las condiciones sociales - que desean seguir más de cerca a Jesucristo y trabajar con El en la construcción del Reino. Sus miembros integran pequeños grupos que forman parte de comunidades más amplias a nivel regional y nacional, constituyendo UNA Comunidad Mundial, y están presentes en los cinco continentes y en casi 60 países. CVX Louis Paulussen es una comunidad de Lima - Peru, cuyos miembros viven desde su ser cristianos, adultos, profesionales, su compromiso con El Reino.

01/09/2026
Tómate un momento, reza con el Papa.Por el cuidado del aguaSetiembre 2026
01/09/2026

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Por el cuidado del agua
Setiembre 2026

El agua es un don sagrado que sostiene la vida. En ella reconocemos...

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24/08/2026

MENSAJE DE SU SANTIDAD PAPA LEÓN XIV
PARA LA XI JORNADA MUNDIAL DE ORACIÓN POR EL CUIDADO DE LA CREACIÓN 2026
1 de septiembre de 2026
«Con sus espadas forjarán arados y podaderas con sus lanzas» (Is 2,4)

Queridos hermanos y hermanas:
Nuestro Señor Jesucristo vino para que tengamos vida y la tengamos en abundancia (cf. Jn 10,10). Este regalo de vida yace justo en el corazón de nuestra misión como discípulos y de nuestro llamado común a construir una civilización del amor. Como podemos observar, en esta Jornada Mundial de Oración por el Cuidado de la Creación, se nos invita una vez más a contemplar el don de la vida y a apreciar la tierra que la sustenta, ya que son modos tangibles de alabar a nuestro Creador.

Actualmente, estamos siendo testigos de múltiples crisis y de un gran sufrimiento humano. Al mismo tiempo, pareciera que la alteración del equilibrio armónico de la creación se está acelerando. Estos fenómenos no están disociados; son una única apelación por la sanación y la paz que brota de un mundo herido.

El Dios de la vida, revelado en Jesucristo, ofrece una paz que el mundo no puede dar: «La paz les dejo, mi paz les doy» (Jn 14,27). Esta paz no es ni superficial ni perecedera, mana desde el perpetuo amor de Cristo y de su interés por cada persona humana.
Sin embargo, esta promesa de paz contrasta notablemente con las realidades que vemos en muchas partes del mundo. El profeta Isaías habló de una época en la que las naciones «con sus espadas forjarán arados» (Is 2,4), transformando lo que destruye la vida en aquello que la sostiene. Pero hoy, frecuentemente somos testigos de lo contrario, mientras los esfuerzos se siguen centrando en la violencia y la guerra.

La guerra deja heridas que se extienden mucho más allá del campo de batalla. Cobra vidas, desintegra a las familias y fuerza a millones de personas a abandonar sus hogares, aumentando el miedo, la injusticia y la división (cf. Gaudium et spes, 77-82). La guerra además deja una destrucción social y ecológica que perdura por generaciones. Más aún, la interacción entre conflictos armados y degradación ambiental a menudo crea círculos viciosos que destruyen ecosistemas, contaminan recursos esenciales, como el aire y el agua, y merman la seguridad de los alimentos. Esto genera pobreza, desigualdad y nuevos conflictos sociales que pueden contribuir al resurgimiento de conflictos futuros.

Aparte de esto, la guerra crea lesiones que perjudican todo el entramado de la vida, dañando no sólo a individuos y comunidades, sino a su amplia red de relaciones con la entera familia humana, así como su armonía con la creación. Esto pone de manifiesto un fracaso más profundo cuando se trata de vivir a imagen y semejanza de Dios, de respetar la vida y de cuidar la tierra que se nos ha confiado. No es sólo un fracaso político, sino también moral y espiritual. La guerra, arraigada en deseos distorsionados y en el mal uso de la libertad y el poder humanos, constituye un antitestimonio del Evangelio de la paz.

Las crisis mencionadas anteriormente no sólo exigen responsabilidad sino también una conversión del corazón que rinda frutos en una fidelidad más profunda a Dios, en el amor mutuo y en el respeto por el don de la creación. De hecho, las discordias que presenciamos en el mundo, como la violencia, la injusticia y el daño ecológico, no resultan simplemente de estructuras o sistemas imperfectos; son el “síntoma de una profunda dicotomía arraigada en la misma humanidad” (Gaudium et spes, 10). En efecto, el corazón humano resulta ser el lugar donde se llevan a cabo las más duras batallas y donde se revela nuestra condición caída. No es sólo la sede de las emociones, sino el centro de la persona —donde convergen la razón, los deseos, la voluntad, y la conciencia—. Es aquí donde luchamos con nuestros deseos contradictorios entre el amor y la indiferencia, la verdad y la ilusión, la justicia y la injusticia (St 1,14-15). Los daños de la guerra y el deterioro de la tierra están entonces profundamente vinculados con la condición del corazón humano. Los conflictos que atormentan a la humanidad, de diversos modos, son la expresión exterior de la discordia y división interiores. Cuando el corazón está distorsionado, las relaciones sufren y las estructuras que construimos comienzan a reflejar ese desorden.

El Papa Benedicto XVI nos recordó que «los desiertos exteriores se multiplican en el mundo, porque se han extendido los desiertos interiores» (Homilía en el Solemne Inicio del Ministerio Petrino, 24 abril 2005). Esto nos llama a reconocer que lo que está arruinado en nuestro entorno, de alguna manera también lo está dentro de nosotros. Para construir una sociedad pacífica, debemos entonces no sólo reformar estructuras, sino renovar nuestros corazones. Las causas subyacentes del conflicto y la explotación de la creación provienen de una crisis ética y cultural, así como de una pérdida del sentido de los límites, del deseo de dominación, de la búsqueda del beneficio inmediato y de la incapacidad de reconocer la dignidad dada por Dios a cada persona humana.

El adagio profético «con sus espadas forjarán arados» (Is 2,4) no es entonces sólo una visión que atañe a las naciones, sino una llamada a cada persona. Nos invita a transformar la herida en vida. Sin embargo, esta transformación no puede ser llevada a cabo por medio de un simple cambio externo, sino que requiere, a través de nuestra cooperación con la gracia de Dios, de una conversión personal y colectiva más profunda —un regreso a Dios, que reordene nuestros deseos, sane nuestras heridas y nos ayude a crecer en la virtud—.

Con la ausencia de esta transformación interior, la paz permanecerá frágil y será efímera. Pero donde los corazones se renuevan, comienzan a abrirse nuevas posibilidades. Lo que ha sido utilizado para la destrucción puede ser redirigido hacia la vida: al cuidado de los pobres, al sustento alimentario de los hambrientos y al cuidado de la creación. Este es el camino de la auténtica conversión ecológica, donde los efectos de nuestro encuentro con Jesucristo se hacen evidentes en nuestra relación con el mundo que nos rodea (cf. Francisco, Laudato si’, 217). La paz entonces comienza en nuestro corazón y se proyecta hacia nuestras relaciones, nuestras comunidades y al mundo en su conjunto.

A pesar de que los desafíos que tenemos por delante son enormes, Dios no nos deja sin los medios para sanar y transformar. En vez de las armas bélicas, el Dios de la paz nos colma de fuerza para sanar, para reconciliar y construir una civilización del amor. En este sentido, estamos llamados al cuidado de los múltiples “ecosistemas” que nos han sido confiados: los ecosistemas de la creación, de las relaciones humanas y los del propio corazón humano.

Imaginémonos un mundo en el que los esfuerzos que actualmente se invierten en la guerra fueran dirigidos al desarrollo humano integral, al combate de la pobreza, a la protección de la dignidad humana y a la reconciliación de la gente que está dividida. Un panorama así refleja la fe en la venida del Reino de Dios.

Los auténticos instrumentos para la construcción de la paz no son las armas destructivas, al contrario, lo son la verdad, el diálogo, la paciencia, la bondad, la justicia, la misericordia, la comprensión, el cuidado y el amor. Estos instrumentos brotan de los corazones formados por el Evangelio y sostenidos por la gracia de Dios. Sólo estas cualidades poseen el poder de transformar individuos, renovar comunidades y sanar las heridas de nuestro mundo.

Queridos hermanos y hermanas, es claro el camino que tenemos por delante, aunque no sea fácil. Estamos llamados a dejar que nuestros corazones sean renovados, de tal manera que favorezcamos la paz y el cuidado de la creación. La Sagrada Escritura nos dice que vigilemos nuestro corazón, porque todo lo que hacemos brota de él (cf. Pr 4,23).

Si asumimos esta tarea con humildad y fe, nos volveremos colaboradores en la obra renovadora de Dios. Avanzaremos despacio pero firmes, desde el desierto hacia el jardín, de la división a la comunión y de la violencia a la paz.

Que el Señor nos conceda la valentía para recorrer esta senda, para que en nuestro tiempo, con las espadas realmente se forjen arados, que la promesa del Evangelio se arraigue en nuestro mundo y que la paz de Cristo reine sobre toda la creación.

Vaticano, 15 de agosto de 2026, Asunción de la Santísima Virgen María.

LEÓN PP. XIV

A 23 años de la entrega del Informe Final de la CVRRindamos homenaje a todas las víctimas.Conocer sus historias es el pr...
24/08/2026

A 23 años de la entrega del Informe Final de la CVR

Rindamos homenaje a todas las víctimas.
Conocer sus historias es el primer paso para renovar nuestro compromiso con la verdad y la dignidad.

📅 28 de agosto
⏰ 10:30 am
📍 Memorial “El Ojo que Llora” - Cuadra 1, Av. Salaverry, Jesús María

Ingreso previa inscripción 👇
Inscríbete aquí: https://forms.gle/TfxZJgzgGEenKGAj7

CVX PAULUSSEN PERU, se une.𝐀𝐦𝐢𝐠𝐨𝐬 𝐬𝐞 𝐮𝐧𝐞𝐧 𝐞𝐧 𝐜𝐚𝐝𝐞𝐧𝐚 𝐝𝐞 𝐨𝐫𝐚𝐜𝐢𝐨́𝐧 𝐩𝐨𝐫 𝐥𝐚 𝐬𝐚𝐥𝐮𝐝 𝐝𝐞𝐥 𝐩𝐚𝐝𝐫𝐞 𝐏𝐚𝐜𝐨 𝐌𝐮𝐠𝐮𝐢𝐫𝐨Una noticia preocupan...
21/08/2026

CVX PAULUSSEN PERU, se une.
𝐀𝐦𝐢𝐠𝐨𝐬 𝐬𝐞 𝐮𝐧𝐞𝐧 𝐞𝐧 𝐜𝐚𝐝𝐞𝐧𝐚 𝐝𝐞 𝐨𝐫𝐚𝐜𝐢𝐨́𝐧 𝐩𝐨𝐫 𝐥𝐚 𝐬𝐚𝐥𝐮𝐝 𝐝𝐞𝐥 𝐩𝐚𝐝𝐫𝐞 𝐏𝐚𝐜𝐨 𝐌𝐮𝐠𝐮𝐢𝐫𝐨
Una noticia preocupante surgió en las últimas horas en Jaén y tiene que ver con la salud del conocido y querido Paco Muguiro, director durante muchos años de Radio Marañón, presidente de la Mesa de Concertación de Lucha Contra la Pobreza y sacerdote jesuita muy cercano a las familias de Jaén, San Ignacio, Bagua y Condorcanqui, quien actualmente se encuentra delicado de salud.
La noticia fue difundida en redes sociales por el historiador Ulises Gamonal, amigo cercano del religioso, quien convocó a sus amigos, feligreses y a todas las personas que conocen su trayectoria a sumarse a una cadena de oración por su pronta recuperación. “Unidos en fe, elevamos nuestras oraciones a Dios por su pronta recuperación, fortaleza y bienestar”, señala parte del mensaje difundido.
El padre Paco Muguiro es ampliamente reconocido por la labor pastoral y social que desarrolló durante décadas en Jaén. Fue director de Radio Marañón y vicario del Vicariato Apostólico San Francisco Javier, además de participar activamente en espacios de concertación, acciones sociales, defensa del medio ambiente y acompañamiento a las comunidades de esta parte del país.
Ante su delicado estado de salud, numerosos ciudadanos vienen expresando mensajes de fe, esperanza y solidaridad, recordando el trabajo realizado por el sacerdote en favor de los pueblos de la región. La convocatoria invita a mantener las oraciones por su recuperación: “Señor, en tus manos ponemos al Padre Paco”. Desde Jaén nos unimos a esta cadena de oración, deseando que recupere pronto su salud y fortaleza.

La Comisión JPIC–DDHH de la CONFER Perú te invita a reflexionar junto al P. Pedro Hughes, SSC, sobre cómo ser hoy testig...
19/08/2026

La Comisión JPIC–DDHH de la CONFER Perú te invita a reflexionar junto al P. Pedro Hughes, SSC, sobre cómo ser hoy testigos de justicia, paz y verdad, y portadores de una esperanza capaz de transformar la realidad.
📅 Miércoles 19 de agosto
⏰ 7:00 p. m.
Únete a la reunión de Zoom
https://us06web.zoom.us/j/88023759031
ID de reunión: 880 2375 9031
Código de acceso: 811619

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