21/08/2024
¿La bolsa o la vida? / Parte 1: LAS ALARMAS
Hay un montón de cosas que pasan en las ciudades porque creemos que NO pueden NO pasar, cosas que afectan nuestra calidad de vida y que derivan en problemas crónicos de salud física y mental y que pueden provocar muertes prematuras evitables. Creemos que son parte inherente de la ciudad, del “progreso” y por eso las aceptamos sin chistar, inclusive, los más “resilientes” le encuentran el gustito a popular, a vida de barrio. Las autoridades tampoco hacen nada para detenerlas porque piensan que hacerlo “afecta la economía” o “las libertades”; pero estas “cosas” que ponen en riesgo nuestra salud también merman nuestro proyecto de vida; porque al perder calidad de vida nos volvemos menos productivos, menos centrados, menos inteligentes y esto nos lleva, dependiendo de nuestras condiciones previas, a no poder aspirar a un mejor futuro. Así, los que más sufren por estas “cosas que pasan” en la ciudad son los pobres.
Pensemos en las alarmas; automóviles, bancos y comercios detonan constantemente sus alarmas por toda la ciudad contaminado acústicamente nuestras vidas, a veces en medio de la noche, sonando por horas, provocando manzanas enteras de mal sueño o alterando nuestro estado de ánimo durante el día, y para qué? Acaso ese comercio, ese banco, o ese coche, van a estar más seguros si nadie puede dormir? Algún vecino saldrá con un bate o una pi***la a detener a los ladrones? Además, la mayoría de las veces ni siquiera se trata de un robo sino de una “falsa” alarma. Pero aun pensando que si funcionan, hoy existe la tecnología para alertar por teléfono o radio a dueños y policías sin necesidad de enfermarnos a todos o provocar nuestros despidos por baja productividad.
Cambiemos nuestro sentido común por uno que piense en el bien común, no se trata de cuidar la economía a costa de lo que sea, no hay que elegir entre la bolsa o la vida, podemos tenerlo todo, si usamos la inteligencia y la creatividad. Otros mundos son posibles.