29/08/2026
| ¿Y SI SÍ? |
Antes de diseñar el pabellón, era necesario habitar el antiguo patio del MIDE: observar cómo la luz descendía sobre sus muros, cómo las sombras recorrían el espacio y cómo su atmósfera se transformaba entre el día, la tarde y la noche.
Comprender estos cambios fue crucial dentro de nuestro proceso creativo. La luz no sería un elemento añadido al proyecto, sino una materia más de su arquitectura.
Durante el día, el sol atraviesa la estructura y descompone su geometría en una sucesión de sombras, transparencias y reflejos que cambian con cada hora. El pabellón se percibe ligero, abierto y en constante movimiento.
Al caer la noche, la pieza no desaparece: se transforma.
Su propia luz emerge desde el interior y mantiene un brillo enigmático en medio de la oscuridad. La estructura que durante el día recibe y proyecta sombras se convierte, por la noche, en el soporte de una presencia luminosa.