15/09/2026
LO SABIAS?
Nunca necesitó aparecer en una boleta electoral para tener una enorme influencia sobre el rumbo económico de México.
Durante décadas, Agustín Carstens estuvo en el centro de algunas de las decisiones financieras más importantes del país. No desde un escenario político, sino desde los lugares donde se decide algo mucho más silencioso: cuánto vale el dinero, cómo se protege una economía y qué hacer cuando llegan las crisis.
Agustín Guillermo Carstens Carstens nació el 9 de junio de 1958 en Ciudad de México. El apellido repetido no es un error: sus padres compartían el mismo apellido.
Estudió en el Instituto Tecnológico Autónomo de México y posteriormente viajó a Estados Unidos para realizar su doctorado en Economía en la Universidad de Chicago, que terminó en 1985. Allí tuvo como asesor a Michael M***a, quien años después sería economista jefe del Fondo Monetario Internacional.
Pero Chicago también cambió su vida personal. Allí conoció a Catherine Mansell, escritora estadounidense que más tarde publicaría bajo el nombre de C. M. Mayo.
Su carrera avanzó con una velocidad poco común.
Antes de cumplir los 30 años, ya ocupaba un puesto clave en el Banco de México: era tesorero y estaba relacionado con la administración de las reservas internacionales del país.
Años después, junto con Francisco Gil Díaz, analizaría las causas de la crisis mexicana de 1994-1995 y sostendría que el ataque contra el peso había sido, en buena medida, una corrida que pudo haberse evitado.
Luego llegó uno de los momentos más difíciles de su carrera.
Durante el gobierno de Felipe Calderón, Carstens estuvo al frente de la Secretaría de Hacienda entre 2006 y 2009. Y mientras el mundo se preparaba para una de las mayores crisis financieras de las últimas décadas, México tomó una decisión que terminó siendo extraordinariamente rentable.
El gobierno había protegido los ingresos petroleros del país frente a una posible caída de los precios. Cuando el petróleo se desplomó en 2009, aquella estrategia generó alrededor de 8,000 millones de dólares para México.
Pero su carrera todavía tenía otro capítulo.
En 2010 se convirtió en gobernador del Banco de México, después de ser aprobado por el Senado con 81 votos a favor y 19 en contra. En 2015 fue ratificado para continuar en el cargo.
Desde esa posición defendió una idea fundamental: un banco central debía mantener su autonomía y concentrarse en preservar el valor de la moneda y controlar la inflación, incluso cuando las decisiones fueran políticamente incómodas.
En 2017 tomó una decisión que sorprendió a muchos.
Dejó el Banco de México antes de terminar su mandato y se trasladó a Basilea, Suiza, para convertirse en gerente general del Banco de Pagos Internacionales.
Allí pasó a trabajar en una institución que reúne a bancos centrales de todo el mundo.
Fue el primer banquero de una economía emergente en ocupar ese puesto y permaneció al frente del organismo hasta 2025.
Su nombre también llegó a estar entre los candidatos para dirigir el Fondo Monetario Internacional. En 2011 fue finalista junto a Christine Lagarde, después de haber trabajado anteriormente dentro del propio FMI como uno de sus tres subdirectores gerentes, entre 2003 y 2006.
A lo largo de su trayectoria recibió importantes reconocimientos internacionales.
The Banker lo eligió mejor gobernador de banco central del mundo en 2012. Un año después, Euromoney lo nombró banquero central del año. Y en 2022 recibió el Premio de Economía Rey de España.
La historia de Agustín Carstens es peculiar por una razón.
Nunca necesitó ganar una elección para ocupar posiciones desde las que sus decisiones podían afectar a millones de personas.
Su poder no estuvo en los discursos ni en las campañas.
Estuvo en los números, en las crisis y en decisiones que muchas veces el público solo entendió cuando sus consecuencias ya habían llegado a la vida cotidiana.
Y quizá esa sea una de las formas más silenciosas de ejercer influencia.
¿Crees que los grandes economistas pueden cambiar un país tanto como los políticos?
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