18/10/2026
EL COSTO DE LA POLARIZACIÓN
Divide y vencerás. Durante años, Morena construyó buena parte de su discurso político sobre la confrontación. Dividió a los mexicanos entre buenos y malos, chairos y fifís, ricos y pobres, conservadores y transformadores. Una narrativa donde solamente existían dos bandos: quienes estaban con Morena y quienes estaban en su contra.
No importaba si se trataba de empresarios, periodistas, intelectuales, ciudadanos inconformes o partidos políticos con ideologías completamente distintas. Cualquiera que cuestionara al movimiento terminaba en el mismo costal, señalado como parte de la vieja política, de los conservadores o de los enemigos de la transformación.
Y quizá ahí cometieron uno de sus mayores errores políticos: en su afán por dividir a la sociedad, terminaron unificando a sus adversarios.
La polarización fue llevada a tal extremo que, desde esta lectura del escenario político, las diferencias ideológicas han perdido protagonismo frente a una división mucho más profunda: quienes respaldan a Morena y quienes rechazan su permanencia en el poder. Los matices parecen desaparecer y el debate público se reduce cada vez más a estar de un lado o del otro.
Durante años, esa estrategia les permitió consolidar una base electoral sólida mientras sus adversarios permanecían fragmentados. En una elección convencional, un partido puede ganar con el 35 o 40 por ciento de los votos cuando el resto se divide entre diferentes opciones. Pero la misma polarización que fortalece a sus simpatizantes también puede generar una identidad compartida entre quienes se le oponen.
Hoy, en Colima, esa contradicción comienza a reflejarse en la discusión política. Ciudadanos y liderazgos de distintas fuerzas han planteado la posibilidad de construir acuerdos, incluso entre quienes históricamente han mantenido profundas diferencias. No necesariamente porque hayan desaparecido sus ideologías, sino porque identifican un adversario político común.
La paradoja resulta evidente: Morena pasó años tratando a toda la oposición como si fuera una sola, y ahora enfrenta la posibilidad de que aquellos a quienes agrupó bajo una misma etiqueta comiencen a reconocerse como parte de un mismo bloque.
Por supuesto, compartir un adversario no significa compartir automáticamente un proyecto de gobierno. Sin embargo, la política también se construye a partir de las circunstancias, y las identidades que nacen de la confrontación pueden terminar modificando las relaciones entre partidos y ciudadanos.
Morena dedicó años a construir una frontera entre los suyos y todos los demás. Hoy, esa frontera podría convertirse en el punto de encuentro de quienes quedaron del otro lado.
Porque la gran contradicción de dividir para vencer es que, cuando se coloca a todos los adversarios en el mismo costal, también se les puede terminar dando una razón para unirse.
Y ese podría ser el verdadero costo de la polarización.