11/08/2026
El punto de partida en este proyecto fue el propio cliente, que no buscaba un edificio terminado de inicio a fin, sino uno que pudiera crecer con el tiempo, etapa por etapa, adaptándose a sus necesidades y posibilidades conforme avanzaran. Esa condición, lejos de ser una limitante, se convirtió en una oportunidad: pensar una arquitectura que progresara, capaz de completarse por fases sin perder coherencia ni verse nunca “a medias”.
A esa idea de crecimiento se sumó la de flexibilidad. El edificio debía poder transformarse según lo que el momento exigiera: hoy locales comerciales que animan la planta baja y dialogan con la calle, mañana oficinas que ocupan los niveles superiores con otro ritmo y otra forma de habitar el espacio.
Pero quizás el reto más delicado fue el del contexto. Construir en un centro histórico no es construir en un lote vacío: es insertarse en una conversación que empezó mucho antes y que reúne, en una misma calle, edificios de épocas completamente distintas. El proyecto no intentó imitar ni copiar ningún estilo particular; buscó, en cambio, escuchar ese entorno —sus alturas, sus proporciones, su materialidad— y responder con un lenguaje propio que se sintiera parte de esa historia, no ajeno a ella. Un edificio contemporáneo, sí, pero uno que entiende que llega a un lugar con memoria, y que su papel es sumarse a esa memoria con respeto, sin dejar de ser honesto sobre su propio tiempo. Año 2015.