05/08/2026
Me ha parecido curiosa una anécdota que ha compartido veredes, arquitectura y divulgación en Linkedin y es que hay una línea muy delgada entre lo que un genio piensa y lo que las personas necesitan realmente. El arquitecto Rogelio Salmona, que trabajó una larga etapa con Le Corbusier, contaba una historia muy interesante sobre lo que pasó cuando se inauguró la famosa Unidad de Habitación de Marsella.
Para celebrar la inauguración, Le Corbusier organizó un gran almuerzo. Había dos mesas: una para los que trabajaron en el proyecto y otra con personas muy interesantes de la época, como Sartre, Picasso, Camus, Malraux y Edith Piaf. Le Corbusier, como siempre, recibía a cada invitado y le explicaba su teoría arquitectónica de manera muy detallada mientras caminaban hacia el comedor.
Cuando llegó Pablo Picasso, Le Corbusier le dio el mismo discurso intelectual que a los demás. Picasso lo escuchó sin decir nada. Cuando Le Corbusier terminó de hablar, Picasso lo miró fijamente y le hizo una sola pregunta: ¿Hay baño?
Resulta que no había. El edificio era un ejemplo de diseño conceptual, con columnas y escaleras modernas, para su época, pero se les había olvidado algo básico. Picasso no se sorprendió. Se levantó, caminó un poco más allá, orinó detrás de una de las columnas, en el edificio recién inaugurado, y regresó a sentarse al lado de Edith Piaf como si nada hubiera pasado.
La moraleja es clara: no importa cuán grande sea tu arte, proyecto o concepto teoríco, nunca te olvides de lo que las personas necesitan en realidad.
¿Conocías esta anécdota?