17/07/2026
SANAA, estudio japonés con más de 30 años de trayectoria, fundado por Kazuyo Sejima y Ryue Nishizawa, es una de las oficinas más influyentes de la arquitectura contemporánea y una referencia internacional en el diseño de museos, espacios culturales e instituciones públicas. Su arquitectura ha renovado la experiencia museística mediante edificios precisos, ligeros y profundamente humanos, donde la claridad espacial, la calidad de la luz, la fluidez de los recorridos y la apertura hacia la ciudad son elementos centrales. La posibilidad de que SANAA desarrolle el nuevo Museo Nacional del Ecuador representa una oportunidad excepcional para construir una obra pública de referencia mundial, capaz de expresar la complejidad cultural, geográfica y biológica del país desde una mirada contemporánea y sensible.
La propuesta del equipo SANAA + A0 + CPA + JHS se desarrolla como un trabajo multidisciplinario que integra arquitectura, paisaje, museografía, ingeniería, sostenibilidad, investigación cultural y saberes ancestrales. Cuenta, además, con una presencia fundamental de mujeres líderes en distintas disciplinas y geografías: Kazuyo Sejima, desde Japón; Ana María Durán, desde Ecuador; Loreta Castro, desde México; Mónica Vorbeck, desde Ecuador; y Michelle Roelofs, desde Estados Unidos. Esta mirada colectiva entiende el museo no como un objeto icónico aislado, sino como una institución viva, abierta al territorio, a sus pueblos, a sus memorias y a sus ecosistemas.
Una parte central del proceso es el diálogo con asesores indígenas, afroecuatorianos y mestizos, entre ellos Manari Ushigua, Javier Córdova, Fernando Huambutzereque, Sydney Males, Mateo Morales, Manuela Omari Ima, Amadeos Oyagata, Romelia Papue Mayancha, Colón Piaguaje, Dakota Santillán, María Clara Sharupi Juá y Rosa Mosquera. A partir de estas conversaciones, el museo se concibe como una plataforma colectiva para el encuentro, la participación y la transmisión de conocimiento. La propuesta parte de una premisa fundamental: lo que hace a un museo no es solo su forma arquitectónica, sino las personas, las comunidades, los contenidos y las colecciones que le dan sentido.
Ecuador es una nación pequeña en extensión, pero inmensa en diversidad. Es uno de los países megadiversos del mundo, con una historia profunda y una extraordinaria riqueza cultural, lingüística y ecológica. El museo celebra dos tesoros principales: las múltiples personas y comunidades del Ecuador, pasadas, presentes y futuras, y los bienes excepcionales que forman parte de la colección nacional. Así, el proyecto no se plantea como un simple contenedor de objetos, sino como una institución donde el patrimonio material dialoga con las voces, prácticas y formas de vida del país.
El gran desafío del Museo Nacional no es únicamente construir un edificio, sino contribuir a construir un relato nacional contemporáneo. Ecuador contiene culturas prehispánicas diversas, herencia colonial, pueblos indígenas vivos, población afroecuatoriana, migraciones, biodiversidad extraordinaria, arte contemporáneo, conflictos y tensiones identitarias. Por eso, un edificio excesivamente rígido podría imponer una lectura única. En cambio, la arquitectura abierta y fluida de SANAA permite que múltiples relatos coexistan sin jerarquías excesivas, en sintonía con una museología crítica, democrática y contemporánea.
El planteamiento museográfico responde a esa misma intención. La colección del Museo Nacional se entiende como una constelación de testimonios materiales, donde piezas arqueológicas, textiles, ornamentos, arte colonial, objetos rituales, documentos históricos y producciones contemporáneas pueden establecer relaciones entre distintos tiempos, territorios y comunidades. La exposición no se organiza como una secuencia lineal cerrada, sino como un campo de conexiones que permite al visitante construir sus propios recorridos, detenerse, volver y mirar desde distintas perspectivas.
Los vacíos circulares que atraviesan el edificio cumplen un papel central en esta experiencia museográfica. No son únicamente operaciones formales, sino espacios expositivos, de pausa y de relación. Las curvas arquitectónicas guían suavemente al espectador a través de las muestras, sin imponer un recorrido único ni una mirada excesivamente dirigida por una geometría ortogonal. Al mismo tiempo, permiten que los objetos de la colección se relacionen entre sí desde distintos ángulos, favoreciendo lecturas cruzadas entre salas, patios, paisaje y ciudad. De este modo, la nación deja de presentarse como una historia oficial cerrada y se convierte en una conversación abierta.
El Museo Nacional se entiende como una infraestructura pública abierta y permeable. Su presencia busca generar continuidad entre el edificio, el parque y la ciudad, evitando barreras innecesarias y creando espacios para el encuentro, el descanso, la circulación y la apropiación ciudadana. Esta condición permite alejarse del modelo del museo espectáculo, del ícono turístico o del objeto pensado como catalizador inmobiliario, para proponer un espacio cívico cotidiano, accesible y cercano a quienes habitan Quito.
El proyecto encuentra inspiración en las culturas precolombinas y poscolombinas del Ecuador, donde los espacios circulares han sido lugares de encuentro, ritual y conexión con el cosmos. El círculo se convierte en principio espacial del museo, asociado a la memoria colectiva y a la identidad cultural. Las curvas del edificio evocan la geografía andina y establecen una relación con el volcán Pichincha, sin recurrir a gestos folclóricos. Su vínculo con el territorio aparece a través de la transparencia, el ingreso del paisaje, la luminosidad cambiante y la continuidad entre interior y exterior.
SANAA representar una identidad compleja y diversa sin imponer una narrativa única. Su arquitectura no simplifica la complejidad, la organiza para que pueda ser recorrida, discutida y reinterpretada. Su fuerza no está en el espectáculo ni en la monumentalidad, sino en la experiencia espacial, en la sutileza y en la capacidad de invitar al visitante a construir su propio recorrido. En ese sentido, SANAA no rompe con la tradición museística, sino que actualiza principios clásicos como la proporción, el orden, la secuencia, la claridad y la calidad de la luz, proyectándolos hacia una institución contemporánea orientada al conocimiento, la diversidad y el diálogo.
La propuesta incorpora mercados, quioscos, conchas acústicas, plataformas tecnológicas y jardines agroecológicos como espacios para la celebración, el intercambio y la vida pública. Más que un edificio, imagina un nuevo símbolo cívico para Quito y para el Ecuador: un museo abierto, inclusivo y contemporáneo, capaz de custodiar la colección nacional y activar la vida urbana, educativa, comunitaria y cultural. Su fuerza está en entender que el Museo Nacional debe ser memoria, territorio, arquitectura y futuro, pero sobre todo un espacio para las personas, sus contenidos, sus comunidades y sus formas de encontrarse.