20/08/2026
¿CUÁNTAS HISTORIAS DE CUBA PUEDEN CONTARSE A TRAVÉS DEL SONIDO DE UNA BANDA?
La Banda Municipal de Conciertos de Puerto Padre: más de cien años formando músicos, acompañando generaciones y defendiendo, nota a nota, el patrimonio musical cubano.
Su historia comenzó a escribirse a principios del siglo XX, cuando el músico holguinero Juan Márquez Gómez; padre de Juanito Márquez, organizó una banda infantil de música. La fecha que aparece con mayor frecuencia como punto de partida es el 1 de septiembre de 1914, aunque documentos históricos sitúan antecedentes desde 1913 y señalan que la municipalidad acogió oficialmente la agrupación el 1 de febrero de 1915.
Aquellos primeros niños quizás jamás imaginaron que estaban poniendo los cimientos de una institución que sobreviviría a cambios políticos, crisis económicas, reorganizaciones, períodos de inactividad y hasta intentos de disolución.
Pero la música permaneció. Y entre quienes hicieron posible que aquella banda se transformara en una verdadera escuela estuvo una figura fundamental: Cipriano Ignacio Torre.
Músico, profesor y director, Torre asumió la dirección en 1922 y posteriormente fue nombrado oficialmente director en 1927. Junto a su hijo Luis Ignacio Díaz, convirtió la agrupación en una cantera de músicos durante varias décadas.
No se trataba solamente de enseñar a tocar un instrumento. Se enseñaba disciplina, sensibilidad, se enseñaba a escuchar al otro. Y, sobre todo, se enseñaba a amar la música.
Por las filas de aquella institución pasaron generaciones de trabajadores y músicos: estibadores, barberos, zapateros, mecánicos, albañiles y hombres humildes que encontraron en un instrumento una manera de expresar su amor por la cultura.
La Banda se convirtió así en mucho más que una agrupación municipal; se convirtió en una escuela de vida.
Sus retretas, conciertos, desfiles, actos patrióticos, ceremonias y celebraciones forman parte de la memoria sentimental de Puerto Padre.
Durante décadas, sus músicos llevaron al pueblo danzones, sones, valses, boleros, marchas, pasodobles y numerosas obras del repertorio cubano y universal. Y la calidad alcanzada fue reconocida mucho más allá de la Villa Azul.
En 1965 y 1967, la Banda Municipal de Puerto Padre obtuvo el primer lugar nacional entre agrupaciones similares en encuentros celebrados en Bayamo, un reconocimiento extraordinario para una agrupación integrada en buena medida por trabajadores que combinaban sus oficios con la pasión por la música.
Pero también llegaron los tiempos difíciles.
En 1968 la agrupación fue disuelta dentro de una reorganización nacional. Los músicos protestaron y defendieron una institución que consideraban parte inseparable de la vida cultural de Puerto Padre. La Banda no desapareció del todo.
Continuó vinculada a actividades patrióticas y marchas fúnebres, mientras muchos de sus integrantes pasaron a formar parte de Los Embajadores del Ritmo, otra agrupación fundamental de la historia musical puertopadrense.
Y de aquella escuela salieron músicos que después llevarían el nombre de Puerto Padre mucho más allá de sus fronteras: Emiliano Salvador, uno de los grandes pianistas del jazz afrocubano y Juan Pablo Torres, extraordinario trombonista, compositor y arreglista, quien comenzó precisamente tocando el bombardino en la Banda Municipal de su ciudad natal.
La historia de la Banda también está marcada por familias enteras de músicos: Márquez, Díaz, Guillén, Gisbert, Herrera, de la Rosa y otras que contribuyeron a mantener viva una tradición transmitida de generación en generación.
Después de Luis Ignacio Díaz, quien permaneció vinculado a la dirección durante décadas hasta su jubilación en 1985, llegaron otros directores como José Julio Herrera, José Ramón Ignacio Castro, Rubén Santamarina, Juan Carlos Naranjo, Ernesto Díaz Gómez y Gerardo Corredera García, entre otros. Cada uno dejó su huella.
Cada generación recibió una herencia y tuvo la responsabilidad de entregarla a la siguiente. Por eso, cuando una Banda Municipal toca hoy en Puerto Padre, no estamos escuchando solamente a los músicos que tienen delante; “Estamos escuchando a los que estuvieron antes”, a los niños de aquellos primeros años, a Juan Márquez Gómez, a Cipriano Ignacio Torre, a Luis Ignacio Díaz, a los hombres y mujeres que hicieron música mientras trabajaban en otros oficios. A los maestros que enseñaron sin saber que estaban formando a futuros grandes artistas. A los músicos que resistieron cuando parecía que la Banda podía desaparecer. Y también estamos escuchando a Puerto Padre.
Porque una institución cultural no alcanza más de un siglo de existencia solamente por resistir el paso del tiempo. Lo consigue porque pertenece profundamente a su pueblo.
La Banda Municipal de Conciertos de Puerto Padre es memoria, escuela, tradición y futuro. Es una de esas instituciones que demuestran que el patrimonio de Cuba no solamente está en sus edificios, sus monumentos o sus documentos históricos.
También está en sus sonidos, en sus canciones, en sus músicos, en esas retretas que alguna vez reunieron a familias enteras en un parque. Y en cada instrumento que un joven toma hoy entre sus manos para continuar una historia que comenzó hace más de un siglo.
Puerto Padre tiene muchas razones para sentirse orgulloso y entre ellas hay una que, desde hace más de cien años, no necesita palabras para hacerse escuchar; La Banda Municipal de Conciertos de Puerto Padre.
“Porque mientras haya un músico dispuesto a tocar y un joven dispuesto a aprender, esta historia todavía no termina”
Conocías esta historia de la Banda Municipal de Conciertos de Puerto Padre, Cuba?