25/06/2026
El devastador terremoto ocurrido en Venezuela el 24 de junio de 2026 nos deja mucho más que imágenes de edificios colapsados. Nos deja una lección que la ingeniería estructural conoce desde hace décadas.
Como ingeniero estructural, al observar las imágenes que circulan del desastre, es posible identificar patrones de vulnerabilidad que se repiten una y otra vez en diferentes países del mundo. No hacen falta modelos computacionales complejos para reconocer muchas de las condiciones que históricamente han provocado los mayores daños durante un sismo.
Entre ellas destacan:
• Edificaciones con un uso inadecuado de mampostería como elemento de cerramiento, un material de comportamiento frágil que, al no poder acompañar las deformaciones de la estructura, termina desprendiéndose y colapsando.
• Sistemas estructurales excesivamente flexibles, donde la ausencia de suficiente rigidez lateral provoca grandes desplazamientos que generan daños severos en fachadas, vidrios, tabiques, puertas, cielos y otros elementos no estructurales, e incluso pueden comprometer la estabilidad global de la edificación.
• Irregularidades en planta y en altura que producen concentraciones de esfuerzos, torsiones y un comportamiento sísmico desfavorable.
• Edificaciones construidas sobre suelos con baja capacidad portante o con problemas geotécnicos insuficientemente considerados, favoreciendo asentamientos diferenciales, pérdida de estabilidad e incluso el volcamiento de estructuras.
• El conocido efecto de columna corta, originado por muros parciales o ventanas que restringen la deformación de las columnas y generan fallas frágiles por cortante.
Todos estos mecanismos de daño han sido ampliamente investigados y documentados por la ingeniería sísmica mundial. Sin embargo, continúan apareciendo una y otra vez en terremotos recientes.
Muchas veces los ingenieros nos preocupamos por utilizar el software más avanzado o la versión más reciente del código de diseño. Sin duda, ambas herramientas son fundamentales.
Pero ninguna de ellas sustituye el criterio profesional.
El mejor diseño no comienza frente a una computadora; comienza con una concepción estructural inteligente: regularidad, continuidad de cargas, distribución adecuada de rigidez y resistencia, una correcta interacción entre arquitectura, estructura y geotecnia, y, sobre todo, sentido común.
Los códigos establecen requisitos mínimos.
El criterio del ingeniero es el que realmente protege vidas.
Mi solidaridad con mis amigos venezolanos y en general con todo el pueblo venezolano, con todas las familias que hoy enfrentan las consecuencias de esta tragedia. Que esta dolorosa experiencia sirva también para recordar que la buena ingeniería no solo diseña edificios; diseña seguridad, resiliencia y futuro.
Ing. José Luis Campos Andrade
Ingeniero Estructural