17/06/2026
Jonas Salk, el científico que desarrolló la vacuna contra la poliomielitis, es uno de los nombres más citados cuando hablamos del origen de la neuroarquitectura.
Durante un periodo de bloqueo creativo, viajó a Asís, Italia, y allí encontró un entorno que, según él, le ayudó a recuperar claridad mental, inspiración y enfoque.
Esta experiencia abrió una reflexión poderosa: la arquitectura no solo debía entenderse desde la forma, la estética o la función, sino también desde su capacidad para influir en nuestra mente, emociones, comportamiento, creatividad y productividad.
La pandemia no creó la neuroarquitectura, pero sí nos hizo más conscientes de algo esencial: los espacios que habitamos todos los días pueden impactar directamente nuestra salud, nuestro bienestar y nuestra forma de vivir.
Porque diseñar espacios no es solo construir lugares.
Es diseñar experiencias humanas.
¿Ya conocías esta historia?
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