21/09/2026
Insisto y me empeño en exigir un cambio de mentalidad y actitud !!!
La utopía de competir limpiamente en la obra pública
Ética, competencia leal y simplificación de las licitaciones
La obra pública no solo moviliza importantes recursos económicos; también define el desarrollo de las ciudades y marca el rumbo del progreso de un país. Por esa razón, la forma en que se adjudican sus contratos debería estar siempre guiada por principios claros de transparencia, eficiencia y equidad.
En este contexto, el sentido de la ética laboral merece destacarse como uno de los pilares fundamentales de la actividad profesional, pública y empresarial.
La ética no debe entenderse como un concepto abstracto, sino como una actitud concreta frente al trabajo; una verdadera máxima de conducta. Cuando este principio se convierte en guía de la gestión institucional y empresarial, se genera confianza, se fortalece el compromiso laboral y se construyen entornos donde el esfuerzo se orienta a resultados.
Este enfoque resulta particularmente relevante en el ámbito de la construcción y la obra pública. Los empresarios del sector están permanentemente desafiados a desarrollar tecnologías, métodos constructivos y sistemas de gestión cada vez más eficientes que permitan optimizar resultados. De la misma manera, las Máximas Autoridades Ejecutivas de las entidades públicas tienen la responsabilidad de contratar estos servicios bajo criterios de transparencia, eficiencia y equidad.
En ese escenario, la asignación de contratos debería sustentarse en un principio esencial: la competencia leal entre empresas que aspiran a ejecutar un determinado proyecto. De esta forma, el Estado puede acceder a propuestas de alto contenido técnico y a precios competitivos.
Competencia leal significa competir con armas lícitas para conquistar el mercado, respetando las reglas establecidas por la ley y participando en procesos transparentes donde todos tengan las mismas oportunidades. La gran mayoría de las empresas constructoras —si no todas— aspiran precisamente a eso: reglas claras que permitan que el esfuerzo, la capacidad técnica y la eficiencia sean los factores que definan el resultado.
Cuando la competencia se desarrolla en ese marco, genera desafíos que impulsan a las empresas a mejorar permanentemente. La reducción de costos, la innovación tecnológica y la superación técnica se convierten entonces en herramientas para ganar eficiencia y elevar la calidad de los servicios ofrecidos.
El empresario que decide abrirse espacio en este competitivo mercado debe hacerlo con audacia, trabajo, creatividad y transparencia. Bajo esas premisas se fortalece el sector y se garantiza que los servicios prestados respondan a estándares adecuados de calidad y a precios justos.
Permítanme, sin embargo, plantear una utopía, entendida como un ideal elevado que inspire un cambio:
Imaginemos un sistema de contratación pública radicalmente simplificado. Un sistema en el que los oferentes presenten una declaración jurada de suficiencia, afirmando que cumplen con todos los requisitos legales, administrativos y de experiencia exigidos por la normativa. Estos requisitos serían verificados documentalmente únicamente en el caso del oferente ganador.
De esta forma, las propuestas se concentrarían en los aspectos verdaderamente comparables: la calidad técnica y el precio. Cada oferta económica estaría acompañada por una justificación clara de sus costos y respaldada por una garantía bancaria de seriedad de propuesta.
Bajo este esquema, la presentación y apertura de sobres se realizaría en un único acto público. En ese mismo evento, la propuesta que cumpla las condiciones técnicas y presente el precio más bajo podría salir, de la apertura de sobres, con la carta de adjudicación.
Beneficiaría no solo al Estado, sino también a las propias empresas constructoras, que muchas veces deben enfrentar procesos largos, complejos y costosos antes incluso de saber si tienen posibilidades reales de adjudicación. Simplificar los procedimientos permitiría que las empresas concentren sus esfuerzos en lo que verdaderamente saben hacer: desarrollar mejores soluciones técnicas y ejecutar obras de calidad.
Todos sabemos que la mejor manera de medir la eficiencia de un servicio es encontrar a quien puede hacerlo igual
o mejor al precio más bajo.
Tal vez esta idea pueda parecer una utopía.
Pero la transparencia en la obra pública no debería ser un ideal lejano. Debería ser la regla del juego.
Ramiro Martínez Paz