26/07/2026
El psicoanalista Didier Anzieu (1923-1999) nos invita a reflexionar, en base al concepto “Yo
Piel” (1985) en las vicisitudes tempranas de la constitución psíquica. Tanto desde la
construcción del par interno-externo, de los efectos de los encuentros-desencuentros como
de los primeros pasos hacia la diferenciación del “sí mismo”.
La piel, como primera depositaria de nuestros afectos arcaicos, es, como expresión preverbal,
una palabra encarnada. Así, reencontraremos esta palabra sin voz en afecciones
psicosomáticas a las que la dermatología mayormente responde con medicaciones que
desconocen los afectos obturados.
Para el lactante, la piel, órgano fundamental del tacto, en un principio una “piel común” que
se irá diferenciando, se impregna de los valores en más o en menos del investimiento libidinal
materno . Poseemos una red de nervios especializada que nos “avisa” si estamos en con-tacto
con un otro que nos contiene y cuida, o, contrariamente moviliza defensas. Este paralelismo
psicosomático encuentra su contrapartida en el Yo como continente de lo psíquico.