11/07/2026
Salimos del casco de la estancia en Tres Arroyos con una helada que te parte la cara. Frío polar, de esos que se dan acá en la zona. Abrimos la tranquera con las manos que ya no responden, y la camioneta empieza a comerse la arena rumbo a las playas de San Cayetano.
Antes de llegar al mar hay que cruzar el pinar. Pinos plantados hace 60, 70 años para fijar los médanos — y funcionó tan bien que hoy el camino es una montaña rusa entre troncos, con esa alfombra de agujas secas y piñas que en cualquier verano seco podría arder en minutos.
Uno lo atraviesa rápido, casi sin pensarlo, aunque después se queda dando vueltas en la cabeza — de eso también se trata relevar un paisaje: registrar no solo lo que se ve, sino lo que ese paisaje implica.
De pronto se abre. El mar a la izquierda, al sur. Los médanos a la derecha, al norte, cubiertos de esa materia que acabamos de cruzar.
Fabio manejando, y el paisaje marítimo apareciendo como si el pinar hubiera sido solo el precio de entrada.
Es raro lo que pasa ahí: la belleza del lugar y la conciencia de lo que lo sostiene conviven sin pelearse. Y es justo esa conciencia la que guía cualquier propuesta de jardín costero que se piense para este lugar: no imponerle algo ajeno, sino trabajar con lo que el paisaje ya viene diciendo.
Este relevamiento lo hicimos junto a Sebastián Correa (.jca ), colega paisajista que trabaja en CABA y zona norte del Gran Buenos Aires (Pilar, Tortugas, Nordelta) y que nos convocó para aportar el conocimiento de esta zona, de cara a evaluar la posibilidad de un jardín costero marítimo.
Sebastián llegó al Estudio —el estudio de paisajismo de — después de una charla con Pancho Rebollo Paz ( ).
Sumamos también la mirada de colegas con quienes venimos construyendo una relación de confianza hace años: María Inés Isaza ( ) y Clara Milano ( ).
📍 Playas de San Cayetano | Relevamiento de paisaje
🌿 — a cargo de
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