09/07/2026
EL LENGUAJE CRIOLLO
Nuestra simple experiencia vital de convivencia con nuestra gente criolla nos enseña que nuestra masa rural –y la no tan rural-, tiene un lenguaje que expresa su alma, su cultura, su manera de ver la vida y hablar de ella. Es cierto que nuestro mundo criollo usa una cantidad de vocablos que no son del lenguaje culto escolar. A veces son términos antiguos ya en desuso, otras veces son trasposiciones facilitadas de términos de pronunciación más difícil, o creación de palabras nuevas. Pero creo que lo fundamental, lo original del lenguaje criollo está dado por su casi continua referencia a la imagen.
Por ello pienso que la métrica octosilábica es una forma de expresión casi natural al lenguaje sentencioso y comparativo del hombre criollo. No por nada el Martín Fierro, con lo mejor de nuestra literatura gauchesca y gran parte de nuestro coplero folklórico, tiene sus poemas y sus letras en esta métrica.
EL LENGUAJE POÉTICO CRIOLLO
Me baso exclusivamente en mi experiencia de convivencia directa con el ambiente rural. Es un hecho que el lenguaje gauchesco ha desaparecido en gran parte del uso corriente de nuestro mundo criollo, al menos en nuestra zona. Muchos términos criollos todos lo comprenden, pero casi nadie los usa fuera de la poesía o las canciones.
Y aquí hay un elemento a tener en cuenta. En la poesía de nuestro mundo rural perviven una cantidad de términos que ya no se usan en el lenguaje familiar. Pero están aún cargados de una fuerza de comunicación que los hace vehículos auténticos de sentimientos, emociones, experiencias y anhelos. Y no sólo términos, sino también situaciones y experiencias que ya se han hecho típicas para expresar una realidad. Pongo como ejemplo la imagen del matrero como gaucho solitario, sin ley y en oposición a la autoridad, con sus propias leyes acerca de la propiedad, sus propios medios de subsistencia, y su estilo de vida tan característico. Como imagen poética en nuestro campo, la figura del matrero está todavía cargada de una inmensa capacidad de comunicar sentimientos, y de definir actitudes de hombres actuales, o formas de comportamiento con los demás.
Todo lenguaje poético pretende despertar algo en el que escucha. Tal vez, pretende más despertar algo que el otro ya lleva dentro, que ir a llevarle al alma una necesidad o una idea nueva. La fuerza de la poesía está en gran parte en su capacidad evocadora. De allí la importancia de las imágenes que se usan, de la carga vital de los términos que se eligen, del uso del material sonoro que hace resaltar la palabra clave. En nuestro mundo criollo, la métrica octosilábica y la forma especial de rima son fundamentales para la expresión poética, y para que logre cumplir su finalidad evocadora.
En cada hombre hay realidades dormidas que a veces pueden ser sacudidas por una palabra, por una imagen, por una forma de expresión. Y sacudidas por tal llamado, el mensaje puede contar en ese hombre con la fidelidad despertada de un sentimiento de compasión, de odio, de alegría o de esperanza. El mensaje tiene a su disposición todo ese mundo rico que ha sido alertado como por el embrujo de términos familiares que están acollarados a una infinidad de vivencias, recuerdos. Vida, en fin.
CANTANDO LAS CUARENTA
En nuestra zona campera aún perdura la tradición de la payada. Es una forma de diálogo, que a veces se transforma en una suerte de competencia de habilidad y de inteligencia. Se hace en forma de poesía ajustada a una métrica, ritmo y rima determinada, que puede ser la décima, o la estrofa de seis versos. Pero lo importante es que se trata de algo improvisado, repentista. Es una suerte de duelo verbal cantado con acompañamiento de guitarra en forma de milonga, donde el que la inicia plantea una situación y la concluye con una pregunta, a la que el otro debe responder también en forma poética. Y con fundamento.
Así nació este libro, que ambos queremos ofrecerles como un Catecismo criollo sobre algunos valores cristianos que se conservan en nuestro pueblo campero, con el secreto deseo de que otros se animen a ensillarlo con música.
Para entropillar los versos tuvimos que pegarles algún tuse, mejorándoles la métrica o la rima, para que no salieran tan baguales… pero eso sí, como cojinillo mal lavado: ¡conservando su olor a oveja!
Mamerto Menapace
Libro: "Cantando las cuarenta"
Mamerto Menapace - Edgardo Barrionuevo
Ilustraciones de interior: .arambarri
(Patria Grande: Buenos Aires 2014)
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