02/10/2026
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el castillo es una imagen que se repite una y otra vez cuando hablamos del alma y del mundo interior. Para Teresa de Ávila, el alma es un castillo de diamante muy transparente, lleno de estancias…
para los estoicos aparece la imagen de la ciudadela interior: ese espacio dentro de nosotros que debemos aprender a proteger y gobernar…
Jung relacionaba las imágenes arquitectónicas con la estructura de la vida psíquica y usó la imagen de un castillo dorado como símbolo del centro y de la totalidad del “Self”…
mucho antes de conocer todo esto, yo ya tenía un cuento que escribí cuando era adolescente; era sobre una bruja que vivía en un enorme castillo; pero ese castillo, en el pasado, había sido un dragón.
Un dragón que había clavado sus garras en la tierra y se había fosilizado. Solo su corazón había quedado vivo… y por eso en la sala principal del castillo había un corazón latiendo, pero no era una materia grotesca, ni un corazón desangrándose…
se había transformado en una especie de rara y enorme flor/fruto suspendido de una multitud de hilos de venas que entraban en el techo y se fundían con él… el corazón seguía vivo y protegía a su reina y mantenía el castillo cálido durante las frías noches del invierno del norte…
….porque, obviamente, todo en mi fantasía sucede en el norte: allí donde las noches duran una eternidad, llueve la mayor parte del tiempo y casi no hay sol; que es, precisamente, como a mí me gusta…