20/09/2026
La cita esta vez fue en el Barrio de Belgrano. Por donde empiezo? Que me llevo a recorrer el lugar donde vivieron mis padres, donde cada Domingo almorzaba en la mesa con mantel blanco y papá guardaba en el congelador las copas de espumante con el que brindaríamos “por otro Domingo más”. O fue tal vez la sed de aprender sobre la historia de lo que comenzó siendo un pueblo a mediados del siglo XIX? Las dos cosas: familia e historia. Memoria.
Llego temprano al punto de encuentro. La librería El Ateneo en una de las esquinas más ajetreadas del barrio. La gente va y viene, hay bullicio y vida. Y claro… como todavía no llega nadie, entro a la librería y me compro un libro de autor japonés.
Y luego si. Se va armando el grupo. Toda gente interesante con actividades y experiencias varias. Una vivió en Portugal, otra tiene un programa de radio , otra es experta en comidas exóticas, todas tiran data sobre antiguas casas demolidas, comentan, se interesan. Y claro, la presencia de Marcela y Sandra, las guías, las que te cuentan memorias lujuriosas de amor y traición seguidos por un desenlace trágico en el hotel de un escocés (o Inglés , que no es lo mismo) al lado de la Iglesia.
La Iglesia es monumental, redonda, con un interior fastuoso. Admiro en silencio la cúpula pintada, el altar mayor y los más pequeños que se van ubicando en los laterales. La luz se filtra por los altos ventanales. Y el silencio vibra y canta.
Luego viene el Museo Sarmiento, gran edificio neoclasico donde hay memorabilia de pertenencias de Don Faustino Sarmiento, incluido el sillón donde “posó” para su foto post mortem. Los argentinos somos necrofilos. Celebramos el día que algún prócer pasó a la eternidad antes de celebrar su natalicio.
Seguimos hurgando en la historia del barrio, hermosas estatuas en el parque de varias hectáreas, las famosas barrancas de Belgrano que se fueron formando de manera natural cuando el agua del río se fue retirando.
Nos ponemos nostálgicas y enojadas cuando miramos grandes departamentos modernos donde alguna vez hace dos siglos existieron casas maravillosas que cayeron bajo la piqueta. Tengo ganas de llorar. Porque? Porque?
Recorriendo San Isidro