01/06/2026
LE PARC, mayo 2026
Los recuerdos de la infancia suelen ser, entre muchos, esos fragmentos de imágenes que se construyen mientras observamos a nuestros padres. Los míos tienen imágenes, colores, emociones. Por ejemplo, recuerdo que mi papá tenía una letra increíble, dibujaba circuitos electrónicos con puntas rotring en papel vegetal muy grueso y dibujaba muy bien. Para un día del trabajador aprendí, observándolo, cómo se calcaba con vidrio un tremendo dibujo de un carpintero con su banco y su sierra. Pero mamá era la que hacía cursos de historia del Arte. Su trabajo sobre Rembrandt en un album de fotos con tapas tipo terciopelo negro y letras doradas, me flasheaba. Repetía con paciencia cada vez que pegaba sobre el cartón texturado con finas líneas adherentes, y luego suavemente acomodaba el plástico transparente sobre ella. Todo esto implicaba visitas a la librería, pero ese mundo mágico, es casi un libro aparte.
En las bibliotecas de casa había una buena cantidad de colecciones de arte, que compraba mamá mes a mes. Revistas finitas que luego se convertían en imponentes libros cuando se llevaban a encuadernar. Toda esa dinámica era una aventura. Y sí, así fue como conocí a Julio Le Parc, con la maravillosa colección de PINTORES ARGENTINOS DEL SIGLO XX, con esas tapas con firmas que eran arte. Sin dudas, fue uno de los que más llamó mi atención. Primero solo fue curiosidad en la infancia. Luego, inspiración para algún trabajo de plástica o alguna reseña de investigación en la escuela del Magisterio. Reseñas que pedían nuestras docentes al final de las carpetas, docentes que también han siido artistas plásticas, y que nos regalaron nuevas imágenes para conocer y guardar el recuerdo de los artistas de Mendoza.
Y, más tarde, fue inspiración para algún trabajo de la facultad. Y un día tuve la suerte de verlo en la Nave Cultural de la Ciudad e imaginar cómo se podría integrar alguno de sus trabajos cinéticos a los espacios públicos de Mendoza.
Entonces, casi en el día de mi cumple recordaré que LE PARC le dió a mi vida color, emociones, experiencias, pensamientos que se viven en silencio y nos regalan un mundo propio, mágico, inolvidable. Algo así como FELICIDAD.
Lo comparto con mi querido amigo, artista maravilloso, que también me regaló la vida y el MMAMM, Enrique Testasecca. Y le doy gracias a mi mamá, por mostrarme ese mundo sin darse cuenta.